Mundial de Fútbol: El circo romano moderno

Terminado el mundial se puede apreciar todo eso que rodea al juego, los intereses de los estados y la necesidad de crear objetivos comunes en donde tener ocupada a la sociedad, inculcando un falso sentimiento de que “somos parte” de esas victorias deportivas.

Así las calles se vestían de celeste y blanco con cada triunfo de nuestra selección, esa gran masa popular siempre ausente al momento de reclamar por una sociedad más justa, exigir la renuncia de tanto político corrupto o simplemente para movilizarse en la construcción de una realidad diferente. En cierto sentido es parte del desahogo, como se escucha decir tantas veces: “ante tantas cosas malas que nos pasan, salir a festejar un poco viene bien”. Y si en vez de salir a festejar salimos a cambiar todo eso que nos oprime, acaso no es mejor atacar las causas de nuestros problemas a simplemente intentar evadirlos y buscar luego motivos vanales para ser felices?

No está mal divertirse, ni festejar los triunfos deportivos, pero el fanatismo mostrado en las calles sin siquiera ganar el torneo muestra la verdadera mediocridad imperante y esa absoluta necesidad mal dirigida de salir a gritar a las calles ante tanto desconcierto en nuestras vidas miserables.

Esta lectura de la sociedad no escapa a las mentes de la clase dirigente, el gobierno ya tenía preparados afiches publicitarios para empapelar el país. A veces me pregunto si alguien es capaz de asociar el logro deportivo a la gestión del gobierno -quisiera creer que no-, pero la realidad demuestra que si algo hicieron bien los políticos en nuestro país es en destruir la cultura del pueblo y crear una gran clase totalmente ignorante, incapaz de siquiera plantearse estas preguntas.

Esto es un fenómeno mundial, en algunos paises es más necesario que en otros o tiene más efecto en su población dependiendo de su cultura y de la historia en este caso a nivel futbolístico. En España directamente ganar el mundial era una cuestión de estado, hacer olvidar por un momento a los medios de comunicación y a sus habitantes que tienen un 20% de desocupación y que su economía viene cayendo en picada era algo que el gobierno necesitaba imperiosamente.

El caso extremo no hace falta casi nombrarlo, cuando en el 78 la dictadura militar en Argentina desaparecía personas mientras la gente festejaba los triunfos mundialistas. Terminado el mundial buscaron una guerra inútil para crear el mismo efecto, porque no había diferencia en las consecuencias: tenían a la misma gran masa estúpida esta vez gritando por una guerra como antes lo habían hecho por un partido de fútbol porque esa era la forma de mantenerlos esclavos: “sin símbolos que respetar o destruir, no hay masas vivas, ni siquiera masas”.

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